30-04-2021
Semana de la Vacunación en las Américas

Calendario Nacional de Vacunación: una política pública que distingue al país

El Hospital Garrahan continúa celebrando la Semana de la Vacunación en las Américas, una campaña impulsada por la OPS y la OMS para sensibilizar sobre los beneficios de la vacunación en la población. En esta oportunidad, repasa la evolución del Calendario Nacional de Vacunación en la Argentina.

En nuestro país, el Estado asumió hace más de 70 años un modelo de salud pública ejemplar: gratuito y equitativo para toda la población. Una de las bases de ese modelo es el Calendario Nacional de Vacunación que, con más de 17 vacunas, se erige como uno de los más completos de la región.

Hasta llegar a este presente, en el que se previenen más de 20 enfermedades, hubo años de desarrollo e innovación en los que se inició un camino hacia una mejor calidad de vida para el conjunto de la población. El Calendario Nacional de Vacunación evolucionó notablemente a lo largo de las últimas décadas.

Primeros pasos hacia la inmunidad

En 1946, durante su primera presidencia, Juan Domingo Perón nombró como Secretario, y luego Ministro de Salud, al neurocirujano Ramón Carrillo. Durante su gestión se realizaron campañas masivas de vacunación contra la viruela y la difteria, y se estableció una política que sería un ordenador importante para generar la masividad en la inmunización: la obligatoriedad de presentar el certificado de vacunación para la escuela y para realizar trámites.

Para el año 1978, el Calendario de Vacunación argentino se fue constituyendo como tal con la obligatoriedad de cuatro vacunas: la DTP, que previene Tétanos, Tos Convulsa y Difteria; la Sabin desarrollada para combatir la poliomielitis; la Antisarampionosa y la BCG, que protegen contra las formas graves de la enfermedad como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar.

La poliomielitis, por ejemplo, fue una enfermedad que en su historia afectó sobre todo a la población pediátrica. Gracias a una política impulsada a nivel internacional por la OMS en conjunto con distintos países, se trabajó para erradicarla: en 1988 se reportaban 350.000 casos en al menos 125 países y para 2016 sólo se registraron 37 nuevos infectados.

En Argentina no tenemos casos de poliomielitis desde 1984 y el último registrado en el continente fue en 1991. El tipo 2 de esta enfermedad se declaró erradicado en 1999 y el tipo 3 en 2012. La región fue declarada libre de poliomielitis en 1994.

Para 1983, la vacunación como política de salud preventiva se consolidó con la reglamentación de la Ley 22.909 de Vacunación obligatoria de enfermedades prevenibles. La reglamentación precisó que la implementación de los esquemas de vacunación serían a partir de ese momento iguales para todos y todas en todo el país y que “la autoridad sanitaria nacional determinará la nómina de las enfermedades y la mantendrá actualizada de acuerdo a la evolución del conocimiento científico sobre la materia y a las condiciones epidemiológicas de todo o parte del país”.

Construir la salud del futuro

Hasta 2003, el calendario argentino contaba con 8 vacunas. Al esquema de cuatro vacunas implementado 22 años atrás solo se habían sumado la Triple Viral, que inmuniza frente al sarampión, paperas y rubéola, y la vacuna contra la Hepatitis B.

A partir de ese año, el Estado adoptó una política más profunda como proveedor de servicios de salud, así también como promotor de inclusión y ampliación de derechos. En materia de vacunación, desde ese momento hasta la actualidad se incorporaron al Calendario Nacional de Vacunación otras 12 vacunas destinadas a las distintas franjas etarias de la población, colocando al país como referente en inmunizaciones por vacunas en toda la región y uno de los 11 países en todo el mundo que tienen su calendario gratuito y obligatorio.

Un ejemplo emblemático de la efectividad de esta política es la vacuna contra la hepatitis A, incluida en el Calendario en 2004. Esta vacuna redujo drásticamente el número de casos y disminuyó a cero los trasplantes por falla hepática fulminante debido a esta enfermedad.

Previo a la inclusión de esta vacuna, de 26 casos de Falla Hepática Fulminante producida por el virus de Hepatitis A, 20 necesitaban trasplante, 3 fallecían y sólo 3 pacientes lograban curarse. La incidencia de esta enfermedad se redujo de 78 casos en 100 mil habitantes para 2004 a 8,5 en 2007 y a 1,4 en 2012. Para la actualidad fueron erradicadas las insuficiencias hepáticas agudas y se redujeron a cero los trasplantes hepáticos por esta enfermedad.

Una marca del Garrahan

El Hospital Garrahan cuenta hace varias décadas con un vacunatorio que trabaja tanto con niños y niñas sanas como con pacientes del hospital, algunos con enfermedades de base y en muchos casos, con enfermedades poco frecuentes que necesitan una mirada en particular.

“El hospital tiene un diferencial importante en su Centro de Vacunación y es el seguimiento profesional que se le hace al paciente y también al acompañamiento familiar. Esto permite que se mantenga la inmunización de niños y niñas sin patologías, pero también sobre todo en un grupo muy particular que recibimos en el hospital que son los pacientes con debilitamientos en su sistema inmune”, precisó Darío Barsotti, director médico adjunto del hospital.

Cada esquema de vacunación de estos pacientes es personalizado por el equipo del vacunatorio que analiza qué parte del Calendario de Vacunación puede ser aplicado. A veces sucede que frente a las vacunas que no se les pueden aplicar, se toma la decisión de vacunar a las familias para evitar contagios y lograr una cobertura integral en el paciente.

Si bien los beneficios de un Calendario Nacional de Vacunación moderno y actualizado se evidencian en estadísticas, su alcance es mucho más amplio. La vacunación no sólo limita las posibilidades que tiene quien está vacunado de enfermarse, sino que también evita la circulación del virus o bacteria, lo que beneficia incluso a quienes no están inmunizados, ya sea porque no lo han hecho todavía o porque quedan por fuera del rango etario correspondiente. Del mismo modo, una firme política de vacunación obligatoria reduce la mortalidad infantil y colabora con el acceso igualitario a la salud de todos los y las ciudadanas.